Para leer a Gordimer, una activista de tinta y papel

Nadine Gordimer (fuente: Blog Ana Clavel/ The Paris Review)

Nadine Gordimer (fuente: Blog Ana Clavel/ The Paris Review)

 

POR MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ

 

Dos de los más enconados detractores del apartheid han fallecido en menos de un año. A la muerte de Nelson Mandela, acaecida el 5 de diciembre de 2013, se le sumó el 14 de julio la de Nadine Gordimer, la intelectual cuya obra literaria profundizó en la descripción de las desigualdades sociales causadas por el sistema de segregación racial que mantuvo a Sudáfrica al borde de la guerra civil durante casi todo el siglo pasado.

 

Como el mundo es pequeño y las ranas del mismo estanque se reconocen en cualquier parte, ambos personajes se hicieron amigos por sus afinidades políticas. La primera novela que Mandela leyó de la autora fue La hija de Burger, que llegó a sus manos el mismo año de su publicación, en 1979, a pesar de que había sido censurada. En este libro, Gordimer explora los sentimientos divididos de una joven blanca acerca de la segregación cuando su padre comunista va a prisión por oponerse al sistema. En 1990, el día que Mandela fue liberado del confinamiento al cual le sometió el régimen del apartheid, pidió verla y desde entonces fueron buenos amigos. “Es uno de mis lectores más exigentes”, solía bromear la escritora nacida en 1923.

 

En un artículo reproducido por el diario español El País cuando se supo que Mandela recibiría el Nobel de  la Paz en 1993, Gordimer se refirió a su amigo como uno “de los pocos hombres que, al contrario de los que han hecho que nuestro siglo XX se caracterice por el fascismo, el racismo y la guerra, lo marcarán como una era que logró avances para la humanidad”. Y el año pasado, sobrecogida por la noticia de su muerte, Gordimer escribió en la prensa de Johannesburgo que “haber vivido a la misma vez y en el mismo país que Nelson Rolihlahla Mandela era una guía y un privilegio que comparten todos los sudafricanos”.

 

La influencia de estos personajes sobre el acontecer mundial trascendió su amistad: leer la obra de la ganadora del Nobel de Literatura (1991) es como repasar la carrera de Mandela, pues ella hizo para la literatura lo mismo que el otro para la política: exponer los efectos que causa en la humanidad el miedo a quien es distinto y tratar de revertir la incapacidad de comprender a la otredad. Por eso, sus cuentos, novelas y ensayos encarnan con maestría el retrato de una sociedad violenta por estar estructurada sobre la arbitrariedad. Así, los personajes de sus obras viven con el miedo constante de ser abordados intempestivamente por las fuerzas policiales –también, por supuesto, a ser encarcelados y torturados–, les atormenta la inseguridad de estar sujetos a un régimen déspota o asumen que la libertad es inalcanzable. Esos retratos descarnados, narrados sin cortapisas, metáforas ni paliativos confeccionaron lo mejor de la prosa de Gordimer, como sus novelas El conservador (1974) o La historia de mi hijo (1990). La primera, que ganó el Man Booker Prize, cuenta cómo un hombre blanco explota a sus empleados negros para su lucro personal y en la otra un muchacho negro pretende comprender los conflictos de la vida privada y pública de su padre a partir del entrecruzamiento entre los acontecimientos históricos e íntimos de su vida. Otras novelas de la autora que recibió unos 15 doctorados honoris causa por algunas de las universidades más prestigiosas del mundo –como Yale, Harvard, Columbia y Cambridge– son Los días falsos (1953), Mundo de extraños (1958), El último mundo burgués (1966), Un invitado de honor (1970), Gente en julio (1981), Un capricho de la naturaleza (1988) y Nadie que me acompañe (1994).

 

La preocupación social de Gordimer se mantuvo vigente desde su la primera página escrita hasta las publicadas en las fechas cercanas a su muerte. Su último libro de cuentos, Beethoven was one-sixteenth Black –traducida al castellano como Beethoven tenía algo de negro”– es una colección de 14 cuentos editada en 2007 por Bloomsbury y traducida al año siguiente por la filial de Ediciones B, Bruguera, en la cual se tratan temas típicos de la autora como la memoria, el racismo, la infidelidad, la pérdida, la identidad, la migración, la incomunicación, la fragilidad de la existencia y los motivos de la vida. En este relato que da título al volumen, un descendiente de un colonizador inglés viaja a Sudáfrica para investigar la existencia de una rama desconocida de su árbol genealógico y al enfrentarse aún a los prejuicios raciales concluye que aunque “hubo un tiempo en que había negros que querían reivindicarse como blancos”, hoy por hoy, “es un blanco quien se reivindica como negro. Y por las mismas razones”.

 

Su última novela, editada en castellano por Acantilado y titulada Mejor hoy que mañana (2012), proyecta una voz optimista sobre la narración de una situación pesimista: el desarrollo accidentado de los miembros de una familia mixta de un barrio de Johannesburgo desde los años noventa hasta 2009 y evidencia que aún en el siglo XXI, los sudafricanos no han visto cumplidas sus esperanzas de democracia ni la abolición del apartheid los ha pacificado. Así, la lectura de los libros de Gordimer, es un recordatorio de que la búsqueda de la libertad debe ser un ejercicio constante.

 

 

 

 

 

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