Considerado por millones como el mejor futbolista de todos los tiempos, el brasileño Edson Arantes do Nascimento, universalmente conocido como Pelé, dejó una huella imborrable en la historia del deporte.
Por Javier González / Carlos Figueroa Ruiz
Considerado por millones como el mejor futbolista de todos los tiempos, el brasileño Edson Arantes do Nascimento, universalmente conocido como Pelé, dejó una huella imborrable en la historia del deporte. Su apodo, convertido en sinónimo de grandeza, quedó inscrito para siempre gracias a un talento desbordante, una capacidad goleadora incomparable y una elegancia natural con la que interpretó el fútbol, elevándolo a la categoría de arte.
Venezuela tuvo el privilegio de recibir a Pelé, nacido el 23 de octubre de 1940, en Tres Corazones, Minas Gerais, y fallecido a la edad de 82 años, el 29 de diciembre de 2022, en Sau Paulo, en tres ocasiones memorables, episodios que aún hoy forman parte del recuerdo colectivo del balompié nacional.
Caracas fue testigo directo de la magia de Pelé en los años 1959, 1965 y 1970, cuando los aficionados venezolanos pudieron verlo en acción durante las giras internacionales del Santos Futebol Clube, el equipo brasileño con el que conquistó América y el mundo. Cada una de esas visitas despertó una enorme expectativa: los estadios se llenaron, la prensa siguió cada detalle y el público acudió no solo a ver un partido de fútbol, sino a presenciar a una leyenda viva. Aquellos encuentros amistosos, disputados también en otras ciudades venezolanas como Maracaibo, se transformaron en auténticos acontecimientos deportivos y sociales, capaces de unir a fanáticos de distintas generaciones y colores en torno a una misma admiración.
En 1965, Pelé dejó una marca imborrable en el país al anotar dos goles frente al Independiente de Argentina, uno de los clubes más poderosos y respetados del continente. Con esa actuación reafirmó su jerarquía internacional y confirmó por qué era temido y admirado a partes iguales. Cinco años más tarde, en 1970, el astro brasileño debutó en la capital zuliana y no tardó en hacerse sentir: le marcó un gol a la selección venezolana, la Vinotinto, en un partido que quedó grabado en la memoria colectiva como un momento histórico para el fútbol nacional, más allá del resultado.
Pero la importancia de la presencia de Pelé en Venezuela va mucho más allá de los goles y los resultados. Su paso por el país representó una lección viva de grandeza deportiva, profesionalismo y respeto por el juego. Inspiró a generaciones de jugadores, entrenadores y aficionados, sembrando la ilusión de que el fútbol podía ser un espectáculo de belleza, creatividad y excelencia.
Así, cada vez que se evoca la figura del Rey Pelé, también renace el orgullo de haberlo visto brillar, aunque fuera por instantes, en las canchas venezolanas y, muy especialmente, en Caracas, ciudad que tuvo el honor de recibir a una de las máximas leyendas del deporte universal, participante con la selección nacional de su país en cuatro Copas del Mundo (Suecia-1958, Chile-1962, Inglaterra-1966 y Mexico-1970) y campeón en las últimas tres ediciones en las que intervino, hazaña única en la historia de la cita mundialista.