Hablar de los Harlem Globetrotters es referirse al baloncesto convertido en espectáculo: destreza, humor y entretenimiento que, desde su fundación en 1926, ha cautivado a millones de aficionados en todo el mundo. Venezuela no fue ajena a ese fenómeno y tuvo el privilegio de disfrutar de su show en siete visitas realizadas entre 1951 y 1991.
Por: Javier González
Nacidos tras la disolución del equipo Savoy Big Five de Chicago y guiados por el visionario Abe Saperstein, los Globetrotters se establecieron en Harlem, convirtiéndose en un símbolo cultural y deportivo. En los años cuarenta fueron considerados cantera del baloncesto profesional estadounidense, aunque quedaron fuera de la NBA por su estilo excesivamente espectacular, que rompía con las reglas tradicionales del juego.
Su primera visita a Venezuela en 1951, organizada con el apoyo del Instituto Nacional de Deportes (IND) y la Federación Venezolana de Baloncesto, marcó un antes y un después para el baloncesto nacional. Actuaron en el Nuevo Circo de Caracas ante multitudes que descubrieron un baloncesto distinto, lleno de trucos, dominio absoluto del balón y carisma. Figuras como Nat “Sweetwater” Clifton y Duke Cumberland dejaron una impresión imborrable.
Posteriormente regresaron en 1954, 1958, 1974, 1976, 1987 y 1991, presentándose en escenarios emblemáticos como el Estadio Nacional de El Paraíso, el Nuevo Circo, El Poliedro de Caracas, el Fórum de Valencia y plazas de Maracaibo, Maracay, San Cristóbal y Cabimas. Cada visita fue un acontecimiento deportivo y social, con llenos totales y gran cobertura radial y televisiva.
Además de los Globetrotters, el público venezolano también disfrutó del espectáculo de equipos afines como las Estrellas de Harlem, encabezadas por el legendario Boid Buie, jugador de un solo brazo que asombró por su talento y dominio del balón.
Más allá del show, los Globetrotters dejaron un legado duradero: contribuyeron a la popularización del baloncesto en Venezuela, inspiraron a generaciones de jugadores y demostraron que el deporte también podía ser arte, alegría y mensaje de integración cultural.
Desde 1991, los magos del balón no han vuelto al país, pero su recuerdo permanece vivo en la memoria de la afición venezolana como uno de los espectáculos deportivos más impactantes del siglo XX.