Altamira vs. El Miedo

Publicado : 22 septiembre, 2026

Categoria : Cultura, Destacados

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Hay libros que son fundacionales de una cultura, de una época, de una civilización, independientemente de cuándo se hayan escrito. El ejemplo más emblemático es Don Quijote de La Mancha: se puede decir que el Quijote fundó la hispanidad.

Por: Pedro García Otero

Nuestros abnegados “locos”, los que pelean contra molinos de viento, en esta y todas las épocas, son un invento, básicamente, de Don Miguel de Cervantes, quien nada menos que se inventó la españolidad; indirectamente, Cervantes no sólo inventó a Aureliano Buendía, sino a los millones de aurelianos que en nuestro continente inventaron utopías. Es imposible concebir el Caribe sin la prosa de García Márquez, y Macondo puede ser cualquiera de los pueblos insolados de nuestro trópico feroz.

Y así llego adonde quiero llegar, que es a Doña Bárbara que, aunque escrito en el siglo pasado, explica a Venezuela mejor que ningún otro, que tiene tantas lecturas como uno quiera darle, pero siempre interpreta lo que somos como nación y como sentimiento.

Básicamente, la obra magna de Rómulo Gallegos es la interpretación eterna de dos lecturas del país, las que se hacen entre los hatos “Altamira” y “El Miedo”. Y hasta en este tiempo incierto de sacudimientos -no sólo políticos, no sólo internacionales, sino de las propias entrañas de nuestra tierra-, vuelve a ser Altamira vs. el miedo.

Muchos, me cuento entre estos, creemos que La Castellana, Altamira y Los Palos Grandes conforman la zona más bonita de Caracas. Particularmente las dos últimas, con su interesante cuadrícula urbana que combina casas, edificios residenciales y de oficinas y una atractiva oferta gastronómica-cultural, a la que, a mi juicio, solo le faltarían algunas terrazas de consumo de alimentos -y mejores aceras, probablemente, pero eso es un problema común a toda la ciudad- para hacerla aún más interesante.

Lamentablemente, porque nada es perfecto, también es la zona más sísmica de nuestra capital, lo que quedó en evidencia en 1967 (en los sismos anteriores a este, la zona era sencillamente de haciendas de cacao y café) y en 2026.

Si en el terremoto cuatricentenario quedaron marcados los nombres de los edificios San José, Neverí, Mijagual y Palace Corbin, en 2026 y para la historia quedarán el Obelisco y el Petunia II. Víctimas del movimiento de la tierra, en la misma zona, en dos países diferentes: en la Venezuela de hace 60 años, Altamira y Los Palos Grandes apenas comenzaban a habitarse, en 2026 son zonas plenamente urbanizadas.

Hoy, como antes, la pelea es entre Altamira y el miedo. Los caraqueños somos resilientes. Altamira sigue siendo una de las zonas más bonitas (quizás la más bonita) de la capital. Y bueno, así como estamos acostumbrados a que cada cierto tiempo tiembla, también estamos acostumbrados a que el miedo no nos haga mella.

En mis mejores recuerdos, en mis mejores sueños, Caracas se parece a Altamira, a La Castellana, a Sabana Grande y a mi barrio, San Bernardino. Cerquita del Ávila, donde pega más la brisa.

Saldremos adelante.

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