Magallanes cambia de manos

El 30 de abril de 1969 se produjo uno de los movimientos institucionales más trascendentales en la historia del beisbol profesional venezolano. Ese día, la Asociación Civil que adquirió la franquicia de los Navegantes del Magallanes realizó su segundo pago por la compra del equipo.

Por: Javier González

El 30 de abril de 1969 se produjo uno de los movimientos institucionales más trascendentales en la historia del beisbol profesional venezolano. Ese día, la Asociación Civil que adquirió la franquicia de los Navegantes del Magallanes realizó su segundo pago por la compra del equipo por un monto de 150.000 bolívares, quedando aún pendientes 250.000 bolívares para completar el valor total de la negociación, fijado en 500.000 bolívares.

Con esta operación se consolidó el traspaso de la histórica divisa, que a partir de la temporada 1969-1970 tendría como nuevo hogar la ciudad de Valencia, capital del estado Carabobo, marcando el inicio de una nueva etapa para uno de los clubes más emblemáticos del beisbol nacional.

La negociación había comenzado semanas antes. El 17 de marzo de 1969, José Ettedgui, Edmundo González, Oswaldo Degwitz y Alberto Raidi —integrantes de la Asociación Civil interesada en la adquisición— hicieron entrega del pago inicial de 100.000 bolívares al empresario Antonio José Isturiz, propietario del equipo, conocido popularmente como la divisa de Catia por su arraigo histórico en esa populosa parroquia caraqueña.

El acuerdo establecía que los 400.000 bolívares restantes serían cancelados en un plazo de dos años, con una tasa de interés anual del 6 %, condiciones que permitieron concretar la operación y asegurar la continuidad de la franquicia dentro de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional.

De esta manera, los Navegantes del Magallanes emprendieron su mudanza definitiva a Valencia, ciudad que desde entonces se convertiría en su base y en uno de los principales bastiones de la afición magallanera. Este traslado no solo significó un cambio geográfico, sino también el comienzo de una relación histórica entre el equipo y la región central del país, vínculo que con el tiempo se fortalecería hasta convertir a Magallanes en uno de los símbolos deportivos más representativos de Carabobo y de Venezuela.

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