Campeón en casa prestada

El 26 de enero de 1985 quedó marcado como una fecha singular en la historia de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional. Aquella noche los Tiburones sellaron una barrida impecable en cuatro encuentros ante los Tigres, conquistando así el sexto campeonato de su historia.

Por Javier González / Carlos Figueroa Ruiz 

El 26 de enero de 1985 quedó marcado como una fecha singular en la historia de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional. La llegada del papa Juan Pablo II a Caracas obligó a modificar la logística deportiva del país, y la LVBP se vio forzada a trasladar a Maracay el cuarto juego de la final entre Tigres de Aragua y Tiburones de La Guaira, originalmente pautado para disputarse en la capital. De esta manera, el conjunto escualo fungió como home club lejos de su estadio natural, en la llamada “Ciudad Jardín” de Venezuela, en un escenario inusual pero cargado de simbolismo.

Lejos de incomodarse por el cambio de sede, los Tiburones asumieron el reto con autoridad. Aquella noche sellaron una barrida impecable en cuatro encuentros ante los Tigres, conquistando así el sexto campeonato de su historia. El marcador final de 7 carreras por 1 reflejó la superioridad guaireña, respaldada por una sólida actuación monticular del derecho Dick Siwy, quien maniató a la ofensiva aragüeña y fue pieza clave en el triunfo definitivo.

La figura indiscutible de la serie fue Oswaldo Guillén. El campocorto lideró la ofensiva escuala y fue elegido Jugador Más Valioso de la final gracias a una actuación extraordinaria con el madero. Guillén bateó para .500 (9 hits en 18 turnos), conectó dos triples, anotó cinco carreras y remolcó tres, convirtiéndose en el motor ofensivo del equipo en los momentos decisivos. Aunque Guillén brilló con luz propia, el mejor promedio de la serie correspondió a Gustavo Polidor, quien registró un impresionante .563, confirmando la profundidad ofensiva de aquel roster campeón.

Ese título también tuvo un componente de superación interna. Los Tiburones llegaron a la final bajo el mando de Aurelio Monteagudo, quien asumió la dirección del equipo tras el despido de Gustavo Gil al concluir la temporada regular. Monteagudo supo cohesionar al grupo y conducirlo con firmeza hasta lo más alto, culminando una postemporada perfecta.

El campeonato de 1985 no solo significó gloria para La Guaira en el ámbito local. Para Oswaldo Guillén fue además el preludio de una carrera histórica: ese mismo año debutó en las Grandes Ligas y conquistó el premio al Novato del Año de la Liga Americana, convirtiéndose en el segundo venezolano en lograrlo, después de Luis Aparicio en 1956, con el mismo club de los Medias Blancas de Chicago.

 Así, aquel título obtenido “en casa prestada” quedó grabado como uno de los capítulos más memorables del beisbol venezolano, por su contexto extraordinario, sus protagonistas y su impacto duradero en la historia del deporte nacional.

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