Carlos Becerra: “Mi proyecto siempre fue volver a mi país como maestro lutier”

Publicado : 17 noviembre, 2023

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Después de algunos años, Carlos Becerra volvió a Caracas como maestro invitado por el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Infantiles, con el auspicio de Banesco, para impartir durante tres meses clases magistrales sobre los fundamentos y técnicas de trabajo de la lutería. Carlos  viajó a Cremona, en Italia, en 2011 para estudiar lutería clásica en la Escuela Internacional de Lutería Antonio Stradivari.
Por Carmen Victoria Inojosa

Todo comenzó con ritmo venezolano: el cuatro sonó con el Ensamble Gurrufío, su brillo y timbre fascinaron a Carlos Luis Becerra. ¡Quiero hacer un cuatro que suene así!, pensó. Preparó la madera, la resina y dio forma a lo que durante mucho tiempo estuvo en su mente. Carlos tenía 19 años y estudiaba Derecho. Aunque en su familia no había artesanos, músicos ni carpinteros, él tenía ingenio con las manos. 

Ese cuatro ya tiene 21 años, Carlos 40 años de edad. En su casa en La Guaira, lo mira y piensa en el tiempo y en el camino andado, de Venezuela a Italia. Hoy él vive en la pequeña y tranquila Vetralla, una localidad del centro de Italia, donde se dedica a cocinar resinas a 300 grados centígrados, a explorar técnicas de barnizado y a “ayudar a los músicos a hacer música sin hacerla”, como él dice. 

Carlos viajó a Cremona en 2011, un municipio italiano situado en Lombardía, para estudiar lutería clásica en la Escuela Internacional de Lutería Antonio Stradivari. Ahí se formó con los maestros Scarpini, Voltini, Scolari y Amighetti. Recientemente ganó el II Concurso Internacional Jóvenes Lutieres Ciudad de Gubbio y en 2017 obtuvo el premio especial en el VIII Concurso Internacional de Lutería de Sesto Fiorentino. 

Carlos Becerra

“Los lutieres somos como los personajes que permanecemos en el anonimato, detrás de la música”, se define Carlos. El lutier es el artesano de los instrumentos musicales de cuerda frotada y pulsada, como violines, violas, violonchelos. Carlos en su taller en Vetralla, mientras se ensucia las manos con aceite de linaza y resina, espera que las colas y el barniz sequen, se pregunta cómo sonará el instrumento que está haciendo. 

Después de algunos años, Carlos volvió a Caracas como maestro invitado por el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Infantiles, con el auspicio de Banesco, para impartir durante tres meses clases magistrales sobre los fundamentos y técnicas de trabajo de la lutería en el taller de lutería de El Sistema en Caricuao. 

¿Cómo nace la idea de ser un lutier? 

—En algún momento nació esa idea de hacer instrumentos musicales. Fue prácticamente de la nada porque en mi familia no hay músicos, artesanos ni carpinteros. Empecé a escuchar música venezolana y me parecía muy bonito el sonido. Y decía yo quiero hacer un cuatro que suene así, y lo hice. Tenía facilidad para construir cosas con las manos. Lo llevé a un lutier profesional y me dijo “por qué no vas a Europa y estudias lutería”. Entonces terminé mi carrera en Derecho, reuní dinero, estudié italiano, me preparé dos años y me fui a Italia ya sabiendo más o menos trabajar la madera. 

Ser luthier es un oficio bien específico…

—Somos los personajes que permanecemos en el anonimato, detrás de la música. Ayudamos a hacer música sin hacerla porque le damos la herramienta a los que sí saben hacer música. Entonces estamos no solo estamos detrás de las quintas de los teatros, estamos en las trincheras de la música. 

El primer instrumento que hizo fue un cuatro. ¿Qué pasó con ese cuatro?

—Ese cuatro todavía existe. Está en la casa de mis padres en Vargas. Todavía está sano. Lo toqué en estos días porque mi esposa también canta música venezolana. Yo la infecté de música venezolana. Ella es italiana. 

Carlos Becerra

 

¿Usted ve ese cuatro y en qué piensa?

—Lo veo y digo “qué asco”. Es horrible. Pero suena muy bien. Tiene un sonido muy dulce. Lo veo y siempre me digo: “Bueno, algo he aprendido”. Es como un recordatorio de todo lo que no se debe hacer. Pero también te recuerda el camino recorrido.  

¿Ha tenido la oportunidad de ir a un concierto donde diga “ese instrumento lo hice yo”?

—Sí. Es muy bonito. Porque uno siempre se pregunta cómo sonará. Uno es muy autocrítico. Siempre estoy pendiente del timbre, cómo suena, si resuelve el concierto. He tenido la oportunidad de vender un par de instrumentos en Suiza, al director de una orquesta barroca importante y me dijo “tu sonido es bellísimo”. 

Su esposa también es artesana. ¿Cuál es distintivo de una casa donde hay dos artesanos haciendo instrumentos musicales y restaurando papel?

—Apenas entras a mi casa, vas a ver un tapiz de wayú de una artesana muy famosa, vas a ver un cuatro y una porcelana de una zona de Italia que se llama Deruta. Apreciamos mucho el trabajo manual, el hecho de hacer con las manos para nosotros es el día a día, es nuestra forma de vida. Mi esposa trabaja en la Biblioteca Vaticano, ella restaura libros antiguos de 700 años. Damos mucho valor a lo que hace la gente con sus propias manos. 

Carlos Becerra

De Italia a Caracas ¿Cómo fue su experiencia de venir a Venezuela como maestro lutier?

—Tuve la oportunidad de reconectarme con el país. Fue muy importante porque no había tenido la oportunidad de volver como lutier. Fui a Italia a formarme y mi proyecto inicial siempre fue volver como maestro lutier, no solo a visitar a mi familia. Siempre quise transmitir lo que he aprendido, sobre todo, a los alumnos venezolanos. Fue una experiencia enriquecedora a nivel técnico, enseñar en mi propio idioma. Cuando enseñas aprendes muchas cosas de ti mismo, sobre todo, del pasado, de tus propias dificultades. Fue como viajar en el tiempo. Enfrentarte a eso que viviste, pero desde otra perspectiva y a través de otras personas. 

¿En qué se concentró el trabajo en estos tres meses?

—En la primera parte conocimos los fundamentos, las herramientas y técnicas de la lutería: por ejemplo, el afilado que es la base y el fundamento de cualquier oficio artesanal de quien trabaja la madera. Esto es importante porque es donde se crean los buenos hábitos de trabajo. El grupo que estaba más avanzado hizo las volutas del violín y los diapasones. 

¿Tenían los muchachos curiosidad de saber cómo es su trabajo? ¿Cómo lo recibieron?

—Después que teníamos más confianza me confesaron que me habían stalkeado (espiar por internet). Eran curiosos de saber mi experiencia, mi recorrido. Les decía que ellos eran como el primer amor, los primeros estudiantes no se olvidan nunca. Me enseñaron cosas diferentes, a ver la lutería diferente. Le dije a mis alumnos que los sueños perduran aún en circunstancias difíciles. Querer ser lutier para mi era un sueño, hoy es de lo que vivo. Aspiraría a que las personas que yo enseñé también puedan hacerlo incluso aquí en Venezuela. 

Volvió a Venezuela como lutier. Está próximo a regresar a Italia. ¿Qué se lleva ahora como lutier?

—Es mi país natal. Es un orgullo ser profeta en la tierra de uno. Pertenecer a estos dos mundos es como poder estar aquí y allá. Una experiencia muy bonita. Por ejemplo, comer una arepa con un pedazo de jamón San Miguel es una belleza. 

 

Fotos: cortesía Carlos Becerra.

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