Así nació la pasión de Reverón por el arte

Publicado : 6 Octubre, 2016

Categoria : De interés

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Por: José Pulido

Armando Reverón fue un artista tan diferente que su modo de asumir su existencia trascendió tanto como su pintura. Sus ojos veían el mundo de otra manera.

Reverón permaneció indiferente ante la pintura transformadora que cambió la historia del arte. No le interesaban Cézanne, Picasso, Chagal, Modigliani, ni los grandes creadores de la Escuela de París.

Su madre, doña Dolores, tenía una carta que él le escribió desde París y en esa carta el pintor le decía: “O me mandan a buscar o me tiro al Sena”.

En cambio, con España fue distinto. De allá regresó hablando de autores como Lope de Vega y Calderón de la Barca, Cervantes y Quevedo. Había leído  con mucho detenimiento y pasión a todo el movimiento  literario del Siglo de Oro español.

reveron-marina-1927-blog-banescoEl pintor Rafael Monasterios le metió en la cabeza a Reverón un dilema que le originó más angustia de la que tenía, pero que al final fue un aspecto que determinó su estilo: vivir plenamente en abierto combate con la vida para pintar, o vivir interiormente en pleno combate consigo mismo para pintar.

En el año 1919 llegó Ferdinandov a Caracas y Armando Reverón pasó a formar parte del grupo de artistas que rodeó al carismático ruso.

En esos días Ferdinandov dijo: “Reverón es un genio”. Y resolvió el dilema de Reverón: le aconsejó que debía vivir una vida interior en permanente batalla consigo mismo, para refundirla con la obra. También le dio tres tajantes consejos:

-Tienes que conseguir dinero; comprar una vivienda y buscar una mujer humilde para que viva contigo.

armando-reveron-pintor-blog-banescoArmando Reverón consiguió con mucho esfuerzo algo de dinero y compró un rancho en Punta de Mulatos. Dicen que en esos tiempos fue de visita a San Casimiro, en el estado Aragua. Allí, en casa de unos amigos, la joven sirvienta de 17 años, llamada Juanita Ríos, se acercó a la mesa para servir la comida. A Reverón le gustó la muchacha, y sin mediar siquiera una presentación le dijo en voz baja: “esta noche me meto en tu cuarto”. Juanita huyó esa misma noche con él. Luego se fueron para Macuto y desde entonces estuvieron juntos en el caos y el orden de una casa que era templo de la pintura y de la luz.

La madre de Armando Reverón, doña Dolores Travieso Montilla llegó a contar  que a veces sorprendía en su cuarto al pequeño Armando observando los cosméticos, las cremas, los carmines y aceites. Esos tonos sepias, rojos, cremosos, las blancuras jabonosas. No entendía esa atracción hasta que lo vio pintar.

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